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La pérgola

Hace un par de años decidí construir una pérgola en el fondo de casa, me pareció una buena idea para tener un lugar donde poner la hamaca de madera, crear un ambiente agradable, con sombra para el verano y cobijo para el invierno.

Pensé cómo sería, hice algún dibujo en un papel y tuve claramente la visión de lo que quería.
Tenía que ser rústica para integrarse con el ambiente del fondo de casa, tenía que ser verde con alguna enredadera que hiciera de techo, el piso sería cesped o eventualmente haría un piso con pallets, suficientemente abierta para integrarse mejor y cerrada para cumplir su función.
La tenía claramente en mi mente, tenía la visión.

Me encargué de conseguir troncos curados y suficientemente fuertes para soportar el peso, a su vez pensé que eventualmente podría colocarle una hamaca paraguaya donde dormir una siesta o leer un buen libro, así que la estructura debía ser sólida y estable.
Completaría la estructura con malla electrosoldada que soportara el crecimiento de la enredadera, elegí una cuyos cuadrados fueran suficientemente grandes como para limpiar fácilmente las hojas que se fueran secando.
Compré protector de madera con un tinte caoba para darle más integración con el contexto y que simularan árboles vivos.

La idea original era que el techo fuera de Santa Ritas, eso determinaba también el lugar porque ya tengo tres Santa Ritas en casa. Podía entonces armar la estructura y cubrir la misma con las propias plantas que ya existían.

Sin embargo no me terminaba de cerrar la idea, no era mi visión así que seguí pensando qué planta utilizar.
Al final elegí un jazmín trepador, perenne (lo cual era fundamental para el propósito), son de crecimiento lento (más lento que otras especies trepadoras) pero me gustaba la hoja, pequeñas e intensamente verdes, pequeñas flores blancas como lucecitas iluminando tanto verdor y un aroma tenue y dulce, muy disfrutable, el cual se percibe especialmente a la tardecita/noche.

La ubicación de la pérgola la pensé bastante y la discutí mucho con Agustina. Rápidamente descartamos al centro del fondo porque cortaría el campo visual, sería un lugar expuesto y quería algo más intimo, más protegido, discreto y no tan protagonista.
Contra el muro del fondo no era posible porque estaba la barbacoa así que quedaban dos opciones: muro este o muro oeste.
Esa decisión no fue fácil, pensar cómo una visión afecta el entorno exige mucha imaginación, cómo se deplaza el sol, en qué estación, cómo cumpliría con su propósito, cómo afectaría el rosal de un lado y el hibisco del otro, cómo interactuaría con las santa ritas, ¿debía remover algunas de las plantas que componían el jardin hasta ese momento? ¿debía castigar al jazmin que tantos jazmines me había regalado con un trepador y competidor voraz?

Luego de sopesar las opciones terminé decidiendo apoyarla sobre el muro oeste.
Puse manos a la obra y con todos los insumos, herramientas y una visión clara, la construcción llevó un par de días de mi licencia estival.

Allí quedó la estructura sólida e integrada entre el hibisco y la santa rita del muro oeste, con el jazmin pequeño pero bien enraizado, en tierra renegrida que lo alimentaba y una estructura que lo esperaba firme y deseosa de recibirlo entre sus brazos.
El pequeño jazmín trepador comenzó a progresar, se esforzaba escalando el muro, ayudado por algunos tutores de caña y alambres dispuestos con tal fin.

El tiempo pasó y el verde iba trepando contra el blanco muro, lento pero persistente, buscando los caminos, apoyándose en las cañas, enredándose en los alambres, ramas gruesas soportando las ramas más nuevas, pequeñas flores coronando las puntas crecientes comenzaban a colorear el verdor.
Con buena frecuencia guiaba las ramas, sobre todo las más nuevas, por entre los alambres y cañas, cambiaba la estructura para guiar la evolución de aquel verde en pro de mi visión original.

Así fue trepando hasta llegar a la cúspide del muro, en ese punto las ramas seguían intentado trepar pero en el aire, sin sostén, sin una estructura sobre la cual apoyarse, se balanceaban con el viento hasta que lograban una altura y rigidez que impedía su crecimiento y terminaban quebradas y secándose al sol, dándole un aspecto moribundo a todo el conjunto. Triste final para la explosión verde que nacía desde la raíz.

El verde parecía haber llegado a su límite, pero era el límite de la estructura, no el de sí mismo que, porfiado y tozudo, intentaba progresar por encima del muro y extenderse buscando el sol. Continuar su camino trepador por la misma ruta que siempre lo había hecho.
El esfuerzo del jazmín continuaba lateralmente de modo que parecía que llegado al límite de altura buscaba otros caminos para extender su verdor. Así fue tomando el hibisco hacia la derecha y la santa rita hacia la izquierda, algo que no iba a permitir porque terminaría matar rápidamente al hibisco y en una lucha feroz con la santa rita.

Persistí en las podas laterales buscando fortalecer aquellas ramas que se extendían por encima del muro, así cederían y se tornarían en techo sobre el tejido, pero ellas porfiadas continuaban su ascenso vertical, orgullosas, bailando con el viento hasta morir. Las podaba con algo de desilusión pero esa no era mi visión, esas ramas se desviaban sin sentido hasta quebrarse y morir en un intento vano siguiendo un camino sin sentido.

Esas podas las complementaba entrelazando en el tejido horizontal las ramas que sobresalían del muro, era un trabajo permanente porque cada rama nueva tendía a crecer verticalmente y no seguir el tejido de modo horizontal.

Cada descuido significaba que las ramas se desprendían de su cárcel de alambre y buscaban la verticalidad.

Por fín logré entender que mi visión no era la del jazmín.
Yo quería su crecimiento horizontal cual techo, para lograr así la pérgola visionada, pero el jazmín cual charrán quería perseguir el sol, su visión era florecer sobre la superficie solar y en su camino persistía.

No importaba la tierra fértil, la estructura que lo ayudó en sus comienzos, el tejido que lo esperaba acostado y ansiando su llegada para apoyarlo, no importaba que los robustos pilares le dieran confianza, ni la hamaca que lo miraba extrañada esperando su sobra. Nada de eso importaba y seguía creciendo y muriendo en su intento de llegar al sol.

No importaba mi visión, simplemente no la compartía y no cejaría en la suya.

Seguí en mi intento de su horizontalidad trenzando las ramas con el tejido y ella siguió desafiándome con ramas verticales a las cuales podaba antes de que murieran.

Hoy creo que llegamos a un acuerdo, llegué a realizar mi visión, con más esfuerzo y tiempo del que hubiera deseado y ella persiste buscando el sol pero aprecia la tibieza de extenderse relajada sobre el tejido, aprendió a disfrutarla y llenarse de abejas y picaflores, regalándome en recompensa su aroma y floreciendo iluminando su verdor.


Tejido, alambre, postes son seres muertos, útiles para una estructura firme pero rígida,  inflexible, incambiable, sin visión propia por lo cual es fácil aplicar una visión externa.
Es útil pero jamás nos sorprenderá porque no cambia, será hoy y será mañana la misma cosa. Está pensada para perdurar resistiendo no evolucionando.

El jazmín sin embargo es un ser vivo, es flexible, evoluciona, cambia, tiene su propia visión, cada rama la trasmitirá a su sucesora. Aprovechará la estructura en cuanto sirva a su propósito pero abandonará su refugio cuando no siga su evolución y quiera extenderse sobre ella, a pesar de que se le vaya la vida en eso porque esa es su visión y en ella persistirá a pesar del viento, la poda y la mano que enterró su raiz profunda.

Tal vez mi error haya sido no considerar el jazmín como un ser vivo, son los que regalan flores, colores y aromas pero tienen su visión. No es algo dispuesto a tomar la mía como LA visión, tal vez si le hubiera preguntado hubiera preferido el muro este para orientarse mejor al sol y hubiéramos llegado a un acuerdo.

No le pregunté, no lo hice y ese fue mi error. En cualquier caso hoy tengo mi pérgola y el jazmín parece disfrutar y crecer persiguiendo su utopía y así seguimos amigos, él regalándome colores, cobijo y aromas y yo teniendo piedad en la poda y permitiendo sus desvíos verticales.

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